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el escultor antonio illanes en el l aniversario de su fallecimiento (1976-2026)

  • sergiojparra
  • 3 may
  • 14 Min. de lectura

Una sola obra, pongamos por caso La Virgen de las Tristezas de la hermandad de la Vera Cruz de Sevilla, basta para definir la exquisitez y excelencia de un artista que ha sido capaz de vencer al tiempo: fruto de una constante formación específica y un extraordinario ejercicio técnico, introspectivo y emocional.


Figura 1. Virgen de las Tristezas (1942). Fotografía de Daniel Villalba.
Figura 1. Virgen de las Tristezas (1942). Fotografía de Daniel Villalba.


Algo más de dos décadas llevo investigando, estudiando y defendiendo la magnífica trayectoria del célebre escultor sevillano Antonio Illanes Rodríguez (9 de octubre de 1901, Umbrete − 2 de mayo de 1976, Sevilla) con el objetivo principal objetivo de que sea valorado en su justa medida, y no parcialmente.

Desde que el insigne umbreteño nos dejara hace 50 primaveras su recuerdo se concentra en una porción minoritaria de lo esculpido, minimizándose así la importancia real del autor. Ciertamente, la imaginería concedió a Illanes una dimensión popular relevante1 pero también ha de abarcarse una creación no religiosa que lo engrandece, y una peculiar obra literaria y una intensa dedicación socio-cultural que, en su conjunto, nos permite obtener una valoración mucho más trascendental que la que “solamente” le brinda la etiqueta de “imaginero”.

Al respecto, son las hermandades (de Andalucía, y Ciudad Real, fundamentalmente) las que siempre organizaron conferencias y exposiciones en torno a sus imágenes titulares; igualmente, destacamos otras instituciones que lo honraron como la Real Academia de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría, el Ateneo o el Excmo. Ayuntamiento de Sevilla, contribuyendo en la difusión de sus méritos gracias al apoyo de familiares y coleccionistas. Sin embargo, tales esfuerzos han resultado insuficientes dado que la memoria de Antonio Illanes brilla por su ausencia en los museos (salvo, anecdóticamente, en el “Bellver” o “el Taurino” de Sevilla, y alguna que otra pequeña muestra temporal en el “de Bellas Artes”), no otorgándosele el lugar que merece entre los máximos representantes andaluces2. Asimismo tampoco se entiende que la historia reciente de España lo desconozca cuando, en mi opinión, fue uno de los mejores escultores figurativos europeos del siglo XX en lo que al dominio de las técnicas del procedimiento sustractivo de la talla en madera se refiere; otra cuestión sería que las diversas circunstancias3 no le hayan favorecido en la “universalización” de su trabajo.


Figura 2. Stmo. Cristo de la Expiración (1930) en su salida procesional el Jueves Santo de 2026. Fotografía de S. J. P. M.
Figura 2. Stmo. Cristo de la Expiración (1930) en su salida procesional el Jueves Santo de 2026. Fotografía de S. J. P. M.


Hoy quisiera rendir homenaje a mi escultor predilecto en el “L Aniversario de su fallecimiento” (1976-2026) partiendo de esa atmósfera especial que envuelve el legado de Antonio Illanes en mi pueblo de Morón de la Frontera (Sevilla), pues desde niño he vivido cuánto significa la Iglesia de San Ignacio de Loyola, “la Compañía”, adonde un joven y prometedor artista quiso entregar su mejor obra realizada hasta la fecha4.

Corría el mes de octubre de 1930 cuando el “Mago de la gubia”5 terminó al Stmo. Cristo de la Expiración en el estudio de la calle Santiago (“viejo estudio” compartido con otros compañeros, como Manuel Echegoyan). Seguidamente, talló su primera “Dolorosa”, la de la Esperanza, además de un Sagrado Corazón de Jesús para el mismo templo moronense. Las tres imágenes mencionadas se alinean, sintéticamente, con una modernidad “mailloliana” latente en el tratamiento curvilíneo de los planos y la compacidad de los volúmenes, subyaciendo en su concepto lo antiguo con entonaciones contemporáneas organicistas y del Art-Decó6, evidenciando una apariencia clásica que bebe de los griegos7 y todo ello insertado en la escuela barroca sevillana. Ya entrada la II República marchó a París en 1931, exponiendo al año siguiente en el Ayuntamiento de la capital andaluza e incorporando en su muestra de pensionado una terracota del Sagrado Corazón (h.1931) plena de esquematismo y contemporaneidad, aunque arcaizada y arraigada en el Arte Ibérico, la cual terminó instalándose en la hornacina central de la portada de San Ignacio de Loyola allá por la década de 1940 (¡a día de hoy en un estado de conservación lastimoso y alarmante!).


Figura 3. Escultura del Sagrado Corazón de Jesús (h.1931) ubicada en la portada de la iglesia de San Ignacio de Loyola, en Morón. Fotografía de Daniel Villalba.
Figura 3. Escultura del Sagrado Corazón de Jesús (h.1931) ubicada en la portada de la iglesia de San Ignacio de Loyola, en Morón. Fotografía de Daniel Villalba.


En base a lo anterior, la “Iglesia de la Compañía” se ha convertido en un espacio único e imprescindible para conocer y estudiar la obra de Antonio Illanes que es anterior a la Guerra Civil y la ulterior etapa del Franquismo. Precisamente, de la posguerra procede el encargo de Ntro. Padre Jesús Cautivo en 1944 para la Iglesia de San Miguel, proyectado con un sentimiento distinto y una influencia que había oscilado de Montañés a Mesa, pronunciándose el patetismo y la carga expresiva en una imagen realmente conmovedora.


Figura 4. Ntro. Padre Jesús Cautivo (1944) de la Iglesia de San Miguel (Morón de la Frontera), en la Cuaresma de 2026. Fotografía de S. J. P. M.
Figura 4. Ntro. Padre Jesús Cautivo (1944) de la Iglesia de San Miguel (Morón de la Frontera), en la Cuaresma de 2026. Fotografía de S. J. P. M.


Entretanto: una foto, la que captó Rafael Gómez Teruel a Illanes dando los últimos retoques al “Cristo de la Compañía”; una leyenda, la de que Illanes quedó absorto en un balcón hasta tocar al “Crucificado” expirante durante su primera salida en la Semana Santa de 1931; otra leyenda –esta sin fundamento− la de que la hermandad del “Cachorro de Triana” quisiera comprar la imagen de Illanes para sustituirlo por el suyo (quizás a raíz del incendio en la Capilla del Patrocinio de 1973); una anécdota, la de que Illanes tuvo que ir a Morón a restaurar al Cristo tras haber sido frotado con toallas de felpa después de caerle una estrepitosa tormenta el Jueves Santo de 1946; una impresión, la fascinación que provoca en el público (creyente o no creyente)…

Llegando a 1997 accedí al catálogo de la exposición antológica, la celebrada entre mayo y junio de 1996 en el Real Alcázar, cuya lectura me proporcionó la oportunidad de conocer las diferentes facetas del escultor. Así, a la edad de 13 o 14 años −y formándome yo en el taller de Francisco José Coronado (discípulo de Dubé de Luque)−, conocí que mi admirado imaginero también había escrito libros (Del viejo estudio, Del nuevo estudio y Sevilla y yo) y que tenía una obra profana que me encantaba, sintiéndome atraído e identificado con la esencia romántica y el mundo intelectual, bohemio y castizo que, a su vez, lo vinculaba con mi otro admirado artista: Antonio Castillo Lastrucci (1882-1967).

Posteriormente, en 2001 se publicó el artículo La escultura de Illanes, desde una perspectiva actual (a los veinticinco años de su muerte) por José Pedro Aznárez López en el Nº 30 de la revista Escuela de imaginería, prevaleciendo el enfoque crítico y técnico como investigador de las Bellas Artes que abriría nuevos caminos (introduciendo la mirada de escultor) a partir de los cimientos asentados por Ricardo Rufino8 y Antonio de la Banda9. Con todo ello mi interés se disparó, exigiéndome progresar en mis estudios universitarios para una mayor comprensión y encontrando en Juan Manuel Miñarro10 mi modelo a seguir. Desde entonces no he parado de indagar motivado por la satisfacción de disfrutar y compartir mis avances con un profundo respeto y sentimiento de justicia, debiendo a muchas personas (familiares del artista, Luis Chamorro, José Pedro Aznárez, Francisco José Coronado, Juan Diego Mata, Manolo Clavijo, Méndez Lastrucci, Francisco Barrientos, Francisco Luque −D. E. P.−, Juan José García −D. E. P.− y medios como “La hornacina” y “Morón Cofrade”) su atención, confianza, apoyo y generosidad, publicando en 2017 el primer monográfico que se edita tras la muerte del artista, titulado El escultor Antonio Illanes y su producción religiosa para Morón de la Frontera, gracias a la hermandad del Cautivo de Morón.


Figura 5. Portada del primer monográfico publicado sobre Antonio Illanes tras su fallecimiento. Editado por la hermandad del Cautivo de Morón en 2017.
Figura 5. Portada del primer monográfico publicado sobre Antonio Illanes tras su fallecimiento. Editado por la hermandad del Cautivo de Morón en 2017.


Subrayando los méritos profesionales más destacados y la producción artística menos valorada de Antonio Illanes Rodríguez, comencemos recordando sus premios nacionales de Arte Sacro (1942 y 1946)11, sus dos exposiciones en el Círculo de Bellas Artes de Madrid (1949 y 1960) y su triunfo −a nivel internacional− en Montevideo (Uruguay) donde, sabemos, rechazó en 1953 una cátedra de Escultura por regresar a Sevilla12. De hecho, en vida fue un autor de cierto prestigio que apareció en diversas noticias y publicaciones13 recibiendo los elogios de la crítica y la prensa española. En Sevilla se posicionó como uno de los referentes intelectuales de la ciudad, teniendo por epicentro de sus actividades socio-culturales su famosa e histórica casa-estudio de la calle Antonio Susillo Nº 9, junto a su inolvidable esposa y musa Isabel Salcedo. Mas el reconocimiento de la Real Academia de Bellas Artes le llegó al final de su vida, ingresando en la hispalense de Santa Isabel de Hungría en noviembre de 1974, después de que en 1946 lo hicieran miembro de la Sociedad de Santa Apolonia de Gotemburgo (Suecia) o en 1931 recibiera la “Cruz de la Orden Civil de Alfonso XII” en el ánimo de la Exposición Iberoamericana de 1929 suscitado con su primer “Crucificado”, de la Lanzada.


Figura 6. Collage con recortes de prensa dedicados a Antonio Illanes en Lecturas (mayo de 1953). Edición de S. J. P. M.
Figura 6. Collage con recortes de prensa dedicados a Antonio Illanes en Lecturas (mayo de 1953). Edición de S. J. P. M.


Con carácter general, en Antonio Illanes encontramos una escultura humanista, clásica, moderna y exploradora de esencias exóticas. Una escultura de fusión −expresada en andaluz−, de tradición española y popularmente ligada a la religión cristiana, el folclore y el costumbrismo. Una escultura poética que canta a la armonía persiguiendo conceptos tan ideales como “la belleza” y “la gracia”14 con una emoción contenida en el aroma y el ambiente primaveral sevillano, condensado en el propio espacio de su estudio y luego transferido al barro, a la madera, a la piedra…

Perceptivamente, la escultura de Illanes es un puro deleite sensorial sobre la transformación plástica de la forma y su manera de integrarse en el soporte natural, de “espontaneidad rígida” y difícil equilibrio conjugado, compositivamente, mediante diagonales y sutiles asimetrías (“asimetría illanesca”)15. Una escultura efectuada con múltiples huellas y texturas transmisoras de energía que descubre su esplendor a través del modelado de la luz, puesto que es la luz, “la luz de Sevilla”, la verdadera inspiración y protagonista de su creación más universal.


Figura 7. Angustias (1953). Fotografía de S. J. P. M. (2025).
Figura 7. Angustias (1953). Fotografía de S. J. P. M. (2025).


Profundizando en la escultura de Illanes, advertimos una consciencia de servir a la eternidad, de adoración a la vida y al sol, y de ahí que mire al origen de lo sagrado y a la estructura maciza en bloque concebida por las primeras civilizaciones16. Para Illanes lo nuevo no dejaba de ser viejo ni lo antiguo menos moderno, comprendiendo en su presente una relación mística entre pasado y futuro sin concesiones al lenguaje abstracto17. De tal manera, la escultura de Illanes revela (en su contexto) una resistencia inteligente a los desafíos de la deshumanización18 y a la pérdida de lo natural frente a lo artificial19, manifestando otras cualidades: “ternura” en la representación infantil, “vitalidad” en la juventud, “vigorosidad” en los retratos de madurez y también “corazón, nobleza, picaresca y coraje” en la expresión del pueblo o “compasión y esperanza” en sus imágenes sacras.

A mi modo de ver, la obra de Illanes es el resultado de un pensamiento existencialista que, a día de hoy, sigue siendo necesaria para sensibilizar, valorar la búsqueda personal de la verdad y el aprecio de la autenticidad en un mundo intelectualmente plano e impersonalizado por el predominio de la Inteligencia Artificial.

Aparte de una calidad innegable, tanto por los aspectos técnicos como formales y estilísticos, la cantidad de obra producida desde mediados de la década de 1920 hasta la de 1970 nos remite a un autor con una capacidad creadora extraordinaria, cuyo catálogo cifro en cerca de 300 títulos originales a añadir copias y versiones de estos últimos, réplicas, recreaciones, modelos en yeso y bocetos, de entre los que poco más del 30% son de carácter religioso en su totalidad.

En mi opinión, considero justo pero insuficiente que el culmen de Illanes sea la correlación alcanzada en la historia con los mejores representantes de la escultura sacra sevillana de todos los tiempos (¡que ya es decir!). No obstante, esta distinción popular y académica (circunscrita, por lo general, al ámbito de las hermandades) debería formar parte de un reconocimiento aún mayor en función de la categoría y universalidad del artista, comenzando por recuperar su nombre entre los escultores españoles de primer orden de la centuria pasada con los que la crítica lo vinculó en vida, caso de: Mateo Inurria, José  Llimona, Jacinto Higueras, José Planes, Emiliano Barral, Victorio Macho, Ignacio Pinazo, Mateo Hernández, Juan de Ávalos, Juan Luis Vasallo, Pérez Comendador, etc. Aunque, de otro lado, bien es cierto que Illanes no se prodigó en la creación de monumentos ni gozó del prestigio de ganar una medalla en la Exposición Nacional de Bellas Artes, y que llegando a lo más alto sacrificó el éxito nacional e internacional por una vida más modesta y sencilla en su estudio del barrio de la Macarena.


Figura 8. Antonio Illanes durante el proceso creativo de Amanecer (1948), aplicando el procedimiento escultórico manual de talla indirecta; al fondo Venus Gitana. Fotografía publicada en Illanes (Ricardo Rufino, 1949).
Figura 8. Antonio Illanes durante el proceso creativo de Amanecer (1948), aplicando el procedimiento escultórico manual de talla indirecta; al fondo Venus Gitana. Fotografía publicada en Illanes (Ricardo Rufino, 1949).


A pesar del poco tiempo que Antonio Illanes permaneció en Montevideo –desde mayo de 1952 a marzo de 1953−, podemos enorgullecernos de que su nombre aún resuene en las escuelas de arte del país uruguayo, considerándose a “nuestro imaginero” como uno de los máximos exponentes en la escultura tallada en madera del siglo XX por su Rapsodia andaluza.

El artista y profesor montevideano Ramón Cuadra Cantera, con quien he tenido el enorme placer de contactar20, sostiene (entre otras muchas cuestiones que serán publicadas y analizadas en su momento) que Illanes «demostró [en su breve pasaje por Montevideo] que la talla no era un arte menor, decorativo o ligado a la imaginería, sino que era en sí misma una expresión de alto contenido que brindaba posibilidades plásticas excelentes». El Sr. Cuadra, gran conocedor y admirador del escultor andaluz, define muy bien el “carácter intimista” de su obra: «intimismo que no es otra cosa que llevar la obra a un estado de contemplación personal y comunitaria sin estridencias. En ese intimismo se da la “monumentalidad” que muchas veces confundimos con tamaño. Este ser intimista no se vuelca en desmedro de su obra, al contrario, lo hace altamente fino y delicado, mostrando su compromiso de practicar una escultura ajena al sentido estatuario, pero dignas de ocupar un espacio público».

Las esculturas que Antonio Illanes exportó a Montevideo fueron a parar a colecciones privadas. Empero, por cortesía de Ramón Cuadra Cantera, hemos recuperado una estampa inédita de la majestuosa Venus Gitana tallada en madera de ukola en 1948 y vendida en la “Galería Moretti-Arte” en 1952, percibiéndose a color y en su estado actual de conservación transcurridos 74 años.


Figura 8. Venus Gitana (1948). Obra adquirida en Montevideo durante la Exposición de Illanes en 1952. Fotografía facilitada al autor por el artista uruguayo Ramón Cuadra Cantera.
Figura 8. Venus Gitana (1948). Obra adquirida en Montevideo durante la Exposición de Illanes en 1952. Fotografía facilitada al autor por el artista uruguayo Ramón Cuadra Cantera.


Para finalizar quisiera ensalzar una de las piezas más sobresalientes de la propia Rapsodia andaluza que, junto a la producción religiosa, fue la serie que lo diferenció del resto de escultores, siguiendo así la estela de Julio Antonio (1889-1919).


Figura 9. El Bailaor (copia de la original de 1951), realizada por Illanes en 1954 y adquirida para una colección privada en Madrid. Fotografía publicada en catálogo de Exposición de Antonio Illanes en el Círculo de Bellas Artes de Madrid (1960).
Figura 9. El Bailaor (copia de la original de 1951), realizada por Illanes en 1954 y adquirida para una colección privada en Madrid. Fotografía publicada en catálogo de Exposición de Antonio Illanes en el Círculo de Bellas Artes de Madrid (1960).


El bailaor es una de las obras clave de Antonio Illanes (sino la que más) y tan buena que, a mi parecer, ningún otro artista de cualquier época −incluyo al mismísimo Rodin, que le influyó con La edad de bronce (1876)− habría tenido inconveniente en firmar, como así lo hizo el autor sevillano en 1951. Ejecutado en madera de nogal y a tamaño humano constituyó la escultura principal de su primera exposición en Montevideo, adquiriéndose en 1952 en la dicha “Galería-Moretti Arte” (y recreándolo en 1954 para acabar, igualmente, en otra colección privada, en Madrid).

Sin duda, El bailaor es una genialidad de desnudo masculino, y todo en él responde a la máxima categoría de una escultura con estas características: tallada en soporte lígneo, figurativa y anatomizada. La pose es elegante y rotunda, el retrato de gitano insuperable, con una gestualidad corporal que capta el instante de iniciar la danza flamenca. Su musculatura es fuerte y tensionada pero en contraste con el delicado impulso que toma hacia adelante, “llenando el pecho de aire” y activando el compás con el expresivo y rítmico movimiento de los dedos de las manos. El hombre que vemos está embelesado, siente y nos emociona con su emoción, recíprocamente, permaneciendo inmerso en un mundo íntimo cuya vocación exhibe sin complejos en el “teatro de la vida”, amando el arte y la naturaleza, aparcando las miserias ante el maravilloso espectáculo que está a punto de acontecer cuando, en definitiva, es la madera tallada por Illanes la que brilla con luz propia.




Citas y referencias bibliográficas:

1.     «El pasar a la posteridad, puede que lo consiga, y no por el mérito universal de mis creaciones, sino, seguramente, por aquellas imágenes talladas de mi mano que se procesionan en las Semanas Santas de muchas poblaciones españolas». En: Illanes Rodríguez, A.  (1967). Del nuevo estudio. Sevilla. pp.21-23.

2.     « […] es una Andalucía de verismo fragrante. Y a la que no cabe negar hondura y trascendencia, gracia y belleza, salero y bravura […] / […] a la manera de un Julio Romero de Torres que tallara la madera en vez de pintar lienzos./ Muy de ayer, entroncado con la mejor tradición artística andaluza, y muy de hoy, abriendo cisura en su Andalucía de la mejor suerte que el tiempo nos enseñó». En: Aguilera García, E. (1953). La rapsodia andaluza tallada en la madera por Antonio Illanes. Lecturas, mayo.

3.     « […] pero yo, inhábil en la mecánica de la política y reacio a las antesalas, no pude sacar provecho ni ganarle una peseta al Estado». En: Illanes Rodríguez, A.  (1967). Del nuevo estudio. Sevilla. p.90.

4.     « […] es la obra que hago con más ilusión; quiero que tenga Morón un buen Cristo y tengo el decidido empeño en que sea el mejor de todos los que he hecho». En: Rivera, J. J. (1930, 7 de septiembre). Los artistas que triunfan. El Cronista de Morón, Nº 1.461. p.1.

5.     « “Mago de la gubia” era mi nombre guerrero». En: Illanes Rodríguez, A. (1965). Del viejo estudio. Sevilla. p. 38.

6.     Parra, S.J. (2017). El escultor Antonio Illanes y su producción religiosa para Morón de la Frontera. Hermandad del Cautivo de Morón, p.71.

7.     Álvarez, J. M., Dávila-Armero del Arenal, A., Domínguez Gómez, B., Iglesias Cumplido, A., Luque Teruel, A., Palomero Páramo, J., Roda Peña, J. y Sánchez Herrero, J. (2019). Renovación y tradición en la escultura de Antonio Illanes: Obra. En Álvarez, J. M., Antonio Illanes y la Virgen de las Tristezas. Sevilla: Editorial Universidad de Sevilla. pp.130-131.

8.     Aludimos a los dos monográficos:

1) Rufino Gutiérrez, R. (1949). Illanes: su vida, sus obras, sus ideas. Gráficas del Sur. Sevilla.

2) Illanes, Rodríguez, A. y Rufino Gutiérrez, R. (1950). Antonio Illanes: escultura. Afrodisio Aguado. Madrid.

9.     Aludimos a:

1) De la Banda y Vargas, A. (1975). Discurso de contestación. En Real Academia de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría, Boletín de Bellas Artes,  2ª época, Nº III. Sevilla. pp. 25-30.

2) De la Banda y Vargas, A. (1977). Evocación del escultor Antonio Illanes. En Real Academia de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría, Boletín de Bellas Artes,  2ª época, Nº V. Sevilla. pp. 93-105.

10.  Miñarro López, J.M. (2004). Antonio Illanes: una imaginería concebida como escultura. En: LXXV Aniversario del Stmo. Cristo de la Sagrada Lanzada 1929-2003. pp.31-34.

11.  Guevara Pérez, E. (2017). Antonio Illanes, el Cristo de las Aguas y las exposiciones de arte sacro celebradas en Madrid. Boletín de las Cofradías de Sevilla. Año LVIII, Nº 696. p.126.

12.  «En Montevideo me ofrecieron una cátedra y no la acepté por regresar a España». En: Naranjo, M. (1968, 25 de junio). Con el escultor Illanes. El Correo de Andalucía. p.15.

13.  Referenciamos a:

1)     Pompey, F. (1954). Escultores españoles. Madrid: Publicaciones españolas. Temas españoles, Nº113. Ilustración anterior a p.17.

2)     Gaya Nuño, J. A. (1957). Escultura española contemporánea. Ediciones Guadarrama. Madrid. p.135.

14.  Charlo, R. (1975). Antología poética. Sevilla. p. 452.

15.  Parra Medina, S. J. (2023). Aportaciones al estudio del escultor e imaginero Antonio Illanes. La hornacina.

16.  «Las influencias recibidas en mi espíritu de escultor han sido la Naturaleza, los egipcios y el sol de Sevilla». En: Illanes, Rodríguez, A. y Rufino Gutiérrez, R. (1950). Antonio Illanes: escultura. Afrodisio Aguado. Madrid. p.14.

17.  «Hay que mirar al futuro, pero sin dejar de dirigir una mirada también para lo que hemos ido dejando atrás. En una justa y ponderada visión entre el ayer y el hoy estará el equilibrio […]. / Me hallo tan lejos de Grecia y Roma como de las excentricidades desarmónicas de lo abstracto y surrealista». En: Sánchez de Palacios, M. (1956, 15 de marzo). El arte y los toros: el escultor Illanes. El ruedo, Nº 612.

18.  «A la figura escultórica figurativa no se la puede burlar lo que de humano sentimiento encierra en sí misma». En: Carvajal, G. (1960, 17 de febrero). Antonio Illanes: el escultor de las cien imágenes. Pueblo. p.9.

19.  «Quiero también hablarte, maestro, [se refiere a Francisco Marco Díaz-Pintado] de las nuevas modas que se prodigan aquí en algunas recientes exposiciones. Ingenuamente, quiero preguntarte si verdaderamente pueden llamarse esculturas, si caben dentro de la acepción tradicional de la palabra, estas hechuras ortopédicas, retorcidos alambres, hierros enmohecidos soldados a modo de monstruosas osamentas…Y todo coronado por rimbombantes y artificiosos títulos. Si estos “aparatos” son arte, ¿Qué es entonces lo que hacemos nosotros? En: Illanes Rodríguez, A.  (1967). Del nuevo estudio. Sevilla. pp. 22-23.

20.  Extracto de entrevista realizada por Sergio J. Parra Medina a Ramón Cuadra Cantera. Noviembre de 2025.




 
 
 

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